Cristina no batalla para leer sus cuentos favoritos. Le gustan de vampiros y trae varios en la tablet que le regaló su mamá en Navidad. Se emociona al contar que ni siquiera necesita tener red para poder leer.
La señora Herminia dice que no puede leer sin sus lentes, pero luego de platicar que los olvidó en la casa de su hijo mayor y todo lo que ha padecido desde hace días, toma el libro amarillo y con gran esfuerzo lee dos párrafos del capítulo VII, donde Taibo habla maravillas de los libros a través del tío Paco.
Ambas vienen por primera vez a la sala de lectura. Hoy el Centro Comunitario abrió más tarde y hubo que apurar la lectura, antes de que llegaran las señoras que aprenden a cortar el cabello en el mismo salón.
Cristina tiene 15 años, Herminia hace mucho que la pasó al menos cuatro veces. Ahora ambas están leyendo "Persona normal" de Benito Taibo.
A Cristina le parece muy divertido el tío Paco, de pronto dice que le gustaría ser como Sebastián para vivir tantas aventuras, aunque la parte donde se queda huérfano primero y cuando sabe de la enfermedad de su tío después, no la hacen muy feliz.
Es que además, Cristina también escribe. "Tiene varios poemas y algunos cuentos", dice su mamá Nidia, antes de iniciar la sesión. Herminia cree que no es tan sano que un niño como Sebastián diga tantas "mentiras". Cristina hace una mueca. Sabe que a veces en los libros las mentiras son historias y no comprende cómo alguien puede rechazar lo que dice el libro; ella ha dicho que le gusta mucho y es la segunda vez que lo lee.
Saca su celular y le muestra la aplicación "wattpad", donde trae títulos tan diversos como "Crepúsculo" hasta las novelas que suben a diario jovencitas enamoradas, que dedican sus letras a jóvenes de su edad.
Aún sin los lentes, Herminia parece maravillarse con lo que le explica Cristina, mientras Nidia dice que también su hija ha escrito algunos textos ahí. "En mis tiempos hubiera sido impensable traer los libros así", dice la mujer mayor. Cristina se le queda viendo, quizá imaginando aquellos tiempos, cuando quien amaba los libros disfrutaba desde el olor mismo de sus hojas.
Ellas ya se conocían, pero nunca habían cruzado palabra, una sólo iba a acompañar a su mamá a llevar a su hermano a clases de box, la otra sólo iba a que le tomaran la presión. Las dos vieron el anuncio de la Sala de Lectura "Pescaditos de Oro", a las dos les llamó la atención porque les gusta leer. A su manera, ambas coinciden en que, mentiras o no, en papel o en un aparato digital, los libros serán siempre mágicos.

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